La primavera (nunca antes vista)

Empezaba una primavera que nadie sabía que iba a ser el principio de una etapa que nunca habríamos imaginado.

Era un momento en el que el mundo entero se paralizaba. Antes de que todo empezara, la gente creía que esta  estación tan bonita iba a ser una de las mejores. Nosotros los niños pensábamos en los días de sol para salir y jugar con nuestros amigos, también en los de lluvia para tomarnos un chocolate con churros con nuestros abuelos y padres.

Nadie pensaba que un virus que estaba en el continente asiático vendría hasta aquí. Nos deja más de dos meses sin salir de casa, calles completamente vacías igualitas que los desiertos, tenemos que estar a dos metros de nuestros seres más queridos sin poder abrazarlos para no caer enfermos, sin ir a clase por riesgo de contagio y usando mascarillas que nunca antes habíamos visto, pero todo esto para cuidar de los nuestros.

Y esperemos que esto se quede en historia que nunca más vuelva.

Por Andrés Lara Alonso

Normalidad

Cada uno tiene la suya. Para mí es normal no dormir bien últimamente; no poder centrar la cabeza en una cuestión más de media hora; coger el coche, con el certificado en el asiento del copiloto como única compañía, para mi camino de ida y vuelta diaria a Gijón; ir cada sábado a comprar a El Economato y cargar el carro para una semana de cocineo más abundante del habitual; preparar vermuts para cuatro y salir a tomarlo a la terraza-trastero, que ha cobrado importancia en los fines de semana de estas siete que llevamos de confinamiento, …

Cada uno tiene la suya y ni es nueva ni es vieja, es lo que toca, lo cotidiano, lo que nos hace sentirnos vivos. Si lo normal ahora es hacer la compra con una mascarilla, pues oye, una se la pone, no se siente cómoda, pero se la pone, porque así podrá bajar a las ocho de la tarde a darse un paseo con su hija, que falta le hace a la peque airearse. Incluso igual así podrá celebrar el cumpleaños del otro peque dentro de 20 días en una terraza, manteniendo las distancias, pero viendo las caras de los que más necesitamos ver, nuestra familia, nuestros amigos, nuestra gente…

Tardaremos en abrazarnos, en tocarnos,… y también en empujarnos en conciertos, en gritarnos de fondo a fondo  en los estadios animando a nuestros equipos, en pelearnos por un hueco en la arena de una playa abarrotada, … Tardaremos pero llegaremos a ello y ojalá no nos peleemos por esa porción de arena, no nos empujemos por la mejor posición para ver a nuestros cantantes favoritos, no nos insultemos de grada a grada,… ojalá nos miremos y sólo con eso, con la mirada, nos digamos que lo hemos conseguido, que hemos recuperado lo que un simple virus nos arrebató de manera imprevista y sorprendente, nos sonriamos y nos abracemos y toquemos.

Ojalá construyamos cada día la normalidad necesaria para seguir avanzando.