Temor

Fue el martes, el día 8 de noviembre de 2016, el mundo se hizo más peligroso. Lo decidieron millones de personas. Ejercieron su libertad y votaron que el hombre más poderoso del mundo fuese alguien xenófobo, machista, ególatra. Alguien que todos pronosticaron que no podría conseguirlo, y lo consiguió.

A miles de kilómetros de su residencia, de su despacho oval, de su Casa Blanca,  a miles de kilómetros, yo siento temor. Lo siento porque no lo entiendo, porque temo el contagio, porque temo por mis hijos. No hay nada que me asuste más que no saber explicar el por qué. ¿Por qué estamos donde estamos? ¿Por qué si no es bueno, si no es lógico, el mundo está cogiendo esta deriva? Y no me preocupa no saber responderme a mí misma, estoy acostumbrada a vivir sin respuestas, a no encontrarlas, a afrontar cada jornada sin explicación lógica. Temo no saber responder a quien cree que yo debo explicar la verdad, el motivo, la situación. Temo fallar a las dos únicas personas que ven en mí su guía, a esas dos personas que son lo mejor que he hecho en mi existencia y a los que, ante todo, quiero dejar un mundo mejor.

Son dudas que me acongojan pero que esta misma semana una muy buena amiga me dijo: “Si no sabes resolverlas díselo, cuéntales que tú no tienes explicación”. En resúmen, asume ante tus hijos que eres vulnerable, que el mundo es tan inabarcable que ni su madre lo entiende.

Y en ello estoy, una noche de domingo, mirándoles y diciéndome: haré lo posible porque seáis felices, porque entendáis esta locura, porque no dudéis en luchar por la igualdad, por la solidaridad, por la confraternidad. Por un mundo bueno, por un mundo feliz. Soy así, utópica, y quiero contagiarles la utopía. Es la mejor religión, la que permite a este mundo avanzar y no estancarse en cosas inexplicables.

Hay baches, gordos, muy profundos, pero siempre se pueden salvar. Siempre.

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Un comentario en “Temor

  1. Yo no les contaría que no tienes explicación, sino trataría de darles la tuya. Trasladarles lo que tú piensas. Sin engaños ni circunloquios. Los motivos son variados, pero no son cosa de extraterrestres. Es la consecuencia del momento en el que vivimos, en el que la gente capaz se encarga de otras cosas, y estos grupúsculos crecen en las redes y se apoderan de las instituciones aprovechando el vacío de talento. En todo caso, entiendo la reflexión y me gusta cómo la expresas. Besu

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