Deseo

Es un hormigueo que recorre el cuerpo y no le deja tranquilo. Es una sensación de agitación continua que por momentos se sube al pecho y presiona, y presiona… hasta que se va deshaciendo en forma de lágrimas. Es inevitable y, lo peor, ya es previsible. Lo va sintiendo llegar. Desde que está delante de la taza de café, despegando los ojos, tratando de saber si durmió bien o mal, si descansó o no, si soñó algo o simplemente es que no pegó ojo y su imaginación le jugó otra vez malas pasadas. Es un café rápido porque las obligaciones cotidianas no dan para un desayuno reposado, y ahí empieza la agitación. Y luego a pensar, a organizar, a despertar al resto de la casa. Y claro, el resto, no tiene prisa, porque ¿para qué? Y el hormigueo crece, y sube, y llega al pecho,… Y para que no haya lágrimas hay voces y malas caras, y enfados, y después de todo éso, arrepentimiento y la presión, la del pecho. Y nada, no hay manera de que desaparezca. Pero tiene que irse. Algún maldito día, tiene que irse.

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