Cuarenta

Toca número redondo, toca cambiar de década, toca … Toca recuperar sueños, mirar hacia delante y dejar de echar la vista atrás. Toca, pero no me resisto. Porque son cuarenta, que no son pocos, ni son muchos. Simplemente son.

Cuatro décadas, cada una diferente, cada una importante, y sin duda, cada una, resultado de la anterior. No sería quien soy si no hubiese nacido en El Entrego, en plena revuelta minera, con mi güelu encerrado en la iglesia y mi padre, borracho, llegando de madrugada a contar que ya tenía una neña, su neña. Es una de esas anécdotas que él cuenta siempre que tiene oportunidad. No sería quien soy sin mi padre y por supuesto, sin mi madre. Sin ellos no hubiese tenido ni la mitad de oportunidades que me ha brindado la vida, bueno, no hubiese tenido ninguna. Así que gracias por estar siempre.

No sería quien soy sin mis amigos y conocidos. Los que comparten década conmigo y me conocen desde que era una niña. Ésos que cuando te los encuentras por la calle te hacen volver a las clases del colegio y del instituto. Ésos con los que te ríes de las pequeñas anécdotas, las múltiples excursiones, los fines de semana de cine o de chiringuitos. Èsos de las primeras confidencias, los primeros amores, las primeras borracheras. Sin ellos, no sería ni mi sombra.

No me parecería a la Bárbara que soy sin mi gente, sin esas personas que cuando abandoné Asturias para estudiar en Madrid aparecieron en mi vida y se quedaron, para siempre. Mis queridas Ñus, mis compañeras de Facultad, las de la dirección del Colegio Mayor, mis primeros compañeros de trabajo en Atlas,…

Todo sería diferente sin lo que han supuesto estos últimos diez años de mi vida. Todo sería diferente si no hubiese desembarcado en el Convento de las Clarisas y en RTPA. Muy diferente sin esta oportunidad profesional que me ha hecho crecer como periodista y como persona, que me ha hecho disfrutar del periodismo y, en muchas ocasiones, odiar la política. Que me ha permitido conocer gente maravillosa y gente odiosa, y que constituye mi realidad actual.

Y sin duda, nada sería igual sin mi familia. Sin Luisma y mis dos peques. Con ellos me voy a recuperar sueños para otros cuarenta, que espero sean tan buenos, al menos, como los que ya han pasado.

Déjenlo ya

Señores y señoras políticos, el carbón se acaba porque las políticas de cierre trascienden a los ayuntamientos de las comarcas, a las diputaciones, a los gobiernos autonómicos y, si me apuran, al gobierno nacional. El carbón se acaba porque no es rentable extraerlo y es sucio, contamina. Si no desperdiciasen sus esfuerzos en el «no fui yo fuiste tú» y los centrasen en potenciar el carbón limpio, los nuevos desarrollos de las explotaciones, la investigación para nuevos usos de pozos cerrados, de sus aguas, de sus galerías como almacenes de metano,… Si alguno o alguna de ustedes se parase a buscar futuro y dejase de mirar hacia atrás y echara la vista adelante, tengan a bien seguro que a todos y cada uno de los habitantes de las cuencas nos iría mucho mejor. Porque todos y cada uno de nosotros, prejubilados, jubilados, tenderos, camareros, jóvenes emprendedores, parejas que hemos vuelto a nuestro lugar de origen, los chavales que están ahora en escuelas e institutos, los universitarios que se han ido fuera, a estudiar o a trabajar, todos y cada uno estamos muy, muy orgullosos de ser de donde somos y queremos que el futuro no sea negro, sino verde, azul y de todos los colores que den luz a una tierra abandonada por todos ustedes.