Ficción

Pídeme lo que sea, cuando sea, como sea. Sólo tienes que pedírmelo. Porque si no lo haces no seré valiente. Porque necesito un punto de apoyo para mover el mundo. Mi mundo. Para darle ese giro de 180 grados que de cuando en cuando me pide el cuerpo. Pídemelo. Porque tú eres mi punto de apoyo.

No lo harás. Porque tampoco tú serás valiente. Porque todos tenemos ese punto de cobardía que en realidad es comodidad. Es más cómodo mantener el statu quo que el paso de los años ha materializado a nuestro alrededor que vivir en una cuerda manteniendo el equilibrio. Es más cómodo saber que lo cotidiano está ahí, como obligación, pero ahí. Mucho mejor que tener que buscar cada jornada cómo mejorar las cosas, cómo aventurarse en lo desconocido, cómo llenar el cuerpo de adrenalina cada segundo con pequeños saltos al vacío. Mucho más fácil hacer lo que todos esperan que hagas que tener que dar explicaciones. Mil veces, millones de veces más sencillo. Aunque pese, aunque te vuelvas gris, aunque te entristezca. Incluso, aunque no des explicaciones.

Llenarás de retazos de luz el día y la noche. De instantes inolvidables que serán meras pinceladas que darán contraste a una vida monocromática. Lo harás sin pedirlo, sólo por estar, por haberte cruzado en este camino. Serás ese sueño interrumpido por la realidad o, tal vez, la realidad que hace más llevadera la pesadilla.

A ver qué pasa cuando despierte.

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