Un lugar

Todos necesitamos nuestro lugar. Un sitio al que pertenecer. Un espacio en el que todo nos parece posible. Un rincón sin ataduras al que entrar y salir con total libertad para reencontrarnos con nosotros mismos de vez en cuando. Un punto de referencia desde el que mirar el mundo con amplia perspectiva.
Desde ese lugar todo mengua. Cualquier problema se hace pequeño por enorme que sea. Cualquier dificultad es una simple piedra en el camino que sortearemos sin percatarnos. Cualquier curva se convertirá en una amplia autopista por la que circularemos a toda velocidad. Directos al éxito, a la satisfacción, a la felicidad.
Todos tenemos ese lugar. Puede que lo conozcamos desde niños. Puede que nos lo encontremos en plena adolescencia. O tal vez se haga de rogar y nos asalte en plena madurez. Pero tarde o temprano, ese lugar aparece. Y cuando conectamos con él, cuando estamos seguros de que es ése, nunca jamás lo abandonaremos. Siempre será nuestra referencia. Siempre tendremos la necesidad de volver a él.

Rigor

Escribo con la rigurosidad exigida a toda letra publicada. Escribo con la rigurosidad que pienso habitualmente. Escribo sin dobles intenciones. Escribo como vivo. Escribo como trabajo. Escribo. Y mientras escribo desahogo. Mientras escribo respiro hondo. Tomo aire, lleno los pulmones y levanto la cabeza. Miro la pantalla y me lleno de ilusión con cada palabra que mancha de negro el blanco papel. Me siento orgullosa, de mí. Por escribir, por respirar, por vivir. Así, con rigurosidad. Siendo lo que soy. Nadie encontrará arrugas que oculten malicia y si a alguien hago daño con lo que escribo, me disculpo. Me cabreo pero me disculpo. Me cabreo porque quien se duele, lo hace caprichosamente, y sobre todo, sin rigor.