Un regalo

Nunca he trabajado contigo, nunca, en el ámbito profesional, porque en el personal y en el familiar lo hacemos a diario codo con codo. Con risas, con riñas y con muchos más silencios de los que yo deseara. Pero bueno, no se nos da mal salir adelante.
Nunca he trabajado contigo en el ámbito profesional pero sí he vivido a tu lado cada una de tus aventuras laborales, que han sido muchas y muy diversas, gracias a que el panorama de este país es como es y brinda las oportunidades que brinda. Allá donde tuviste que desempeñar tu tarea siempre, siempre, has hecho amigos, y de los buenos, de ésos que luego siempre están ahí, de ésos que luego descuelgas el teléfono y siempre tienen una palabra de ánimo y de cariño. Amigos que se convirtieron en mis amigos.
No actuamos de la misma manera. No lo hacemos. Yo soy mucho más impulsiva y cualquiera que nos conozca lo sabe y lo afirmará categóricamente. Cuando me cabreo ante cualquier injusticia no sé callarme porque si no reviento. Tú no. Rumias tus enfados internamente. Como has hecho cada vez que la renovación de tus contratos no eran como querías, no cumplían con las expectativas que creías que estabas construyendo con tu dedicación diaria. Y no, ni cumplían ni eran justas. Pero daba igual. Tú volvías a currar con las mismas ganas, con la misma profesionalidad que siempre lo has hecho. Y mientras yo te azuzaba y te decía que les plantaras cara, que tenían que reconocerte lo que hacías, tú callabas y tirabas para adelante. Bien es cierto que después de alguna charla de despacho más diplomática de lo que se merecía tu interlocutor. Lo hacías con ganas, construyendo grupo, fomentando el compañerismo y, como ya dije, haciendo amigos. Y aprendiendo, siempre aprendiendo y diversificando tus funciones hasta donde hiciese falta.
Todos los empleos que has tenido los tuviste por ti, sólo por ti, porque echaste currículums y te llamaron y porque paso a paso fuiste haciendo de la experiencia un grado. Un grado nunca reconocido porque nunca estuviste donde debías, siempre al lado, en el camino paralelo al oficial.
Nadie se atreverá a decírtelo públicamente estos días, porque estamos en este puñetero mundo en el que cada uno se conforma con que no le toque a él. Espero que algunos de los que te han acompañado en estos últimos siete años te lo digan en privado. Yo lo hago desde aquí. No te mereces ésto, así no. Y no se lo permitas, de verdad, no lo hagas. Porque vales mucho más de lo que ellos se están empeñando en dejar caer. Porque no te mereces ir por la puerta de atrás, porque has contribuido como el que más a construir algo que todavía no despega pero que algunos enarbolan como el futuro de la empresa que te ha tenido asociado estos últimos años. No te lo mereces y por eso yo quiero hacerte este regalo público. Sé que no te gustará demasiado pero me lo pide el cuerpo porque ya sabes…

Yo, cuando me encuentro ante una injusticia, no me sé callar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s