Treinta y siete

Casualidades de la vida. El último post de este año es el número 37 de 2013 y 37 son los años que yo cumplí el mes de febrero de este año que termina. El año 13 de este adolescente siglo XXI. Trece, ni en letra suena bien. No es un buen número. Dicen los supersticiosos que da mala suerte y muchos pueden dar fe de ello. Yo, en cambio, debo sentirme afortunada.

Acabo el año con el pelo más largo, con alguna cana que asoma y con más de una arruga en la cara. Arrugas de los disgustos pero también de las carcajadas. Porque todo marca. Lo bueno y lo malo. Y todo nos hace crecer. Yo, este 2013, he crecido mucho, muchísimo. A golpe de alegrías y de decepciones. He crecido como persona, he abierto el prisma de mi mirada y he descubierto pequeños detalles que antes no percibía. Lo he hecho de la mano de grandes amigos, de algunos enemigos y de mucha gente anónima. A todos y a cada uno gracias.

Empezaré 2014 con una sonrisa, con mucho ánimo y muchas ganas de seguir aprendiendo. Y brindaré con mi familia por los amigos, los enemigos y la gente anónima, esa gente anónima que se merece que 2014 sea mucho mejor que el año que se va.

Momentos

La vida es una sucesión continua e imparable de momentos. Los hay buenos, malos; alegres, tristes; inolvidables, para olvidar; interesantes, aburridos; felices, desgraciados; solitarios, bulliciosos; por haber,…
Lo importante es vivirlos con intensidad, todos y cada uno, y saber apreciarlos. En su dulzura y en su amargura, con lágrimas o con sonrisas, con silencio o con gritos, con dolor o con placer. Lo importante es vivirlos como si cada uno fuese el último momento de nuestras vidas.
Por todos esos momentos: por los dulces y por los amargos; por los buscados y los inesperados; por los cotidianos y los extraordinarios; por los que fueron y por los que vendrán. Por todos brindaré.

Por que sigan sucediéndose los momentos y por que disfrutéis del de esta noche.