De cerca

Nada es igual cuando se ve de cerca, nada, ni nadie. De cerca siempre se ven más los defectos, por eso de que la vista aprecia más los detalles. Pero mi reflexión no va sólo hoy de lo que se ve, quiero hablar también de lo que se siente. Nada se vive igual cuando nos toca de cerca, cuando afecta a alguien que conocemos, cuando hay sentimientos encontrados que nunca habían aparecido en situaciones similares.
No llevo mucho en esto del periodismo, tampoco llevo poco, en total catorce años trabajando. Vamos, que no soy una veterana, pero me han tocado momentos históricos de este siglo XXI, algunos alegres, otros, me hubiese gustado no haber tenido que contarlos nunca. Pero la actualidad es así, se te planta delante de la cara sin que te lo esperes y tú, lo que tienes que hacer, es transmitír lo que pasa a la gente de la mejor manera posible.
Esa actualidad siempre tiene unos protagonistas, unos rostros. A veces anónimos, otras veces relevantes. Cuando les pones cara a las noticias siempre son más cercanas. Pero pocas veces nos paramos a pensar en que igual estamos perjudicando a esos protagonistas que se han encontrado de repente, sin esperarlo, siendo el foco de atención de las cámaras. Bien por una decisión precipitada, bien por el todo vale de esta sociedad loca en la que vivimos, bien porque le pilló en medio. A nosotros, a los medios, nos da igual. Tenemos noticia y eso nos pone, mucho, muchísimo, y si la protagoniza una persona conocida, mejor, interesa más a la gente.
Cuando de repente todo lo anterior se cumple y tú te pones a hacer tu trabajo, disfrutas con él. Pero entonces, así, de sopetón, te encuentras con un protagonista que te toca de cerca, que conoces, y tu estómago empieza a dar vueltas al mismo ritmo que tu cabeza. Y tu corazón se acelera y la razón se mezcla con el sentimiento y sigues adelante, y lo cuentas, y deseas que haya un buen desenlace, que todo sea una película que se acabe pronto, porque no te lo puedes creer. Y frenas, y paras, y piensas cuando se acaba la jornada, y te dices. ¡Cuántas veces lo habré hecho y no me ha importado! ¡Cuántas veces! Y nunca me ha importado lo que pasase con el protagonista.
Pero esta vez te importa, porque le aprecias, porque le conoces, porque lo sientes cerca. Y no puedes dejar de pensar en el daño que le has podido hacer sin querer, sólo por llevar a cabo tu trabajo con profesionalidad. Y es en ese parón, en esa reflexión, cuando llegas a darte cuenta de que tal vez las cosas no se están haciendo con el rigor necesario. Ni en tu trabajo ni en el de nadie. Porque vamos muy rápido, demasiado, sin importarnos lo que nos llevemos por delante.

Cuando te toca de cerca nunca nada se ve igual, nunca nada se siente igual. Cuando te toca de cerca siempre hay un antes y un después.

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