Barco

Podemos ver la vida como un río navegable, de ésos por los que uno se pasea en barco, a veces por remansos y a veces por torrentes. Podemos sentirnos parte de la tripulación de ese barco, o mejor dicho, debemos, aunque vayamos cambiando de embarcación según vamos pasando etapas.

A veces navegamos en lujosos cruceros, donde apenas notamos los vaivenes de las corrientes, pero en ocasiones nos toca ir en chalupas, donde su inestabilidad puede hacernos naufragar. Pero sea cual sea la nave siempre hay alguien al mando y de cómo ejerza ese mando depende la integridad de la tripulación.

Voy a hacer mía la reflexión de un buen amigo al que el destino y las decisiones personales le llevaron de un trasatlántico, donde no ocupaba uno de los camarotes más cómodos, a una pequeña chalupa que en estos tiempos atraviesa un torrente de incertidumbre. La inestabilidad de la nave ha despertado su ingenio y ha querido lanzar un S.O.S. despertando conciencias, que para seros sincera, creo que no se despertarán porque creo que no existen.

“Seguramente el nombre de Francesco Schettino no le dirá mucho a la mayoría de la gente. Tal vez, a unos pocos, sí les suene el nombre de «Costa Concordia». Pero lo que seguro que a todo el mundo de mar, de tierra o de aire le suena es la frase de “El capitán es el último en abandonar el barco”. El delito de abandono de la nave según el artículo 174 del Código penal militar, se describe como deshonroso o precipitadamente cobarde, con grave escándalo para el resto de la dotación y para la disciplina a bordo. En el día a día vemos como esa actitud “deshonrosa y cobarde” se lleva a cabo en diferentes ámbitos sin que nada ni nadie lo impida o, aún peor, permitiéndolo. El abandono del barco, de la casa, del puesto de trabajo o de los compañeros mismos es algo tan común que hace que la palabra deshonra únicamente cobre sentido en las antiguas películas ambientadas en el siglo XV, en las que dos caballeros se batían en duelo, a espada o pistola, para defenderla. Tal vez los que como yo, por nuestra edad, no hemos prestado el servicio militar obligatorio no hemos aprendido como otros “a base de ostias” lo que representa la figura de un jefe, mando o superior. Pero aún siendo así sabemos diferenciar lo que está bien hecho de lo que no.”

“El capitán es el último en abandonar el barco”.

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