Silencio

Es maravilloso cuando el ruido molesta, cuando nuestros oídos necesitan descansar, cuando la cabeza nos dice que ya no quiere ni un sonido más. Entonces relaja, te devuelve la paz. Pero no siempre es tan positivo, a veces el silencio es atronador. Huimos de él para evitar la soledad, para abandonar el abismo en el que nos sume, el vértigo que nos produce. Buscamos entonces la palabra, escrita o hablada, da igual, la palabra del otro, del que nos hará compañía. 

Luego están otros silencios, los malintencionados, los que tienen un objetivo oscuro, los que buscan esconder algo. Magos de esos silencios abundan en la sociedad actual. Se callan para no tener que explicarse, se callan para que nadie les pregunte, se callan porque, tal vez, no saben cómo hablar. Pero la cuestión es que se callan y si no, de sus bocas sólo salen palabras vacías, huecas, triviales, frívolas, vacuas,… Palabras que no comprometen a nada porque nada dicen, palabras que sólo buscan el engaño.

No nos dejemos engañar

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