Negro

Hay miles de colores en el mundo, millones, infinitas combinaciones. Todos denotan luz, menos el negro. Algunos lo definen como la ausencia de todo color. Tiene una connotación negativa, de tristeza, que no puede quitarse de encima. Sin embargo, también tiene sus admiradores.

A mí me gusta el negro de las letras que van llenando un papel en blanco. El negro que rodea la luna y las estrellas en la noche. Ese negro que permite que admiremos el firmamento en todo su esplendor, siempre que las nubes no lo tornen en grisáceo.

Los paisajes de nuestra tierra son un buen ejemplo de cómo el negro puede convivir con la paleta de colores más intensa y bella que puede existir. Ésa que con el sol nos muestra todo su esplendor, e incluso en los días de lluvia. Estos días la convivencia llega a sus extremos. La “marcha negra” llenó las carreteras del color del carbón. Una marcha que ahora discurre por los campos ocres de Castilla y que, pese a lucir ese color tan denostado, es muestra de esperanza, una esperanza verde como los montes asturianos.

Pero como el negro no se puede desprender de sus connotaciones negativas ayer, inesperadamente, se mezcló con el azul de nuestro mar. Un mar Cantábrico que baña una de las costas más hermosas de España. Y lo hizo por la irresponsabilidad de quienes durante años han ido vertiendo, poco a poco, con pequeñas gotitas inapreciables a la ría de Aboño, fuel. Han sido tantas las denuncias que se han registrado sobre estos vertidos y tan poco el caso que se les ha hecho, que ahora, cuando “accidentalmente” se superan los límites de lo permitido, ya hay poco que hacer.

La Taluxa, Rebulleres, La Pérgola, Candás, La Palmera, Perán, Perlora, Los Curas, Carranques, El Tranquera, Xivares, Peña María y Aboño, son las playas que ayer quedaron cerradas al baño en pleno verano, algunas de ellas tenían concedida la bandera azul para esta temporada, y ¿ahora qué? Carreño fue el primer concejo en recibir el galipote del Prestige hace nada menos que diez años. Hace un par de semanas se anunciaba el juicio por este accidente, la velocidad de la justicia en este país es sin duda abrumadora. Espero que los vecinos no tengan que esperar otros diez años para que se haga justicia por este desastre ecológico que amenaza con amargar el verano asturiano aún más, y mira que ya se presentaba amargo.

Si es necesaria una marea humana para limpiar las playas pongámonos a ello, pero que nadie olvide quiénes son los verdaderos responsables y que no queden impunes.

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