Sueño

Nada menos que seis acepciones tiene esta palabra en el diccionario de la RAE. Seis. La primera se presenta en cualquier momento, por cansancio, por aburrimiento o simplemente por esa ley física que nos dice que tenemos que descansar. Es el acto de dormir que algunos tienen la facilidad de ponerlo en marcha en cualquier momento del día y otros tienen que recurrir a fármacos o hierbas para poder conciliarlo. Tal y como andan los tiempos, con tantas preocupaciones, seguro que hay más de los segundos.

La segunda es más sugerente. Todos hemos soñado alguna vez con alguien, inesperadamente, porque sí. Cerramos los ojos y de repente ahí está esa persona que jamás pensaste que se iba a colar en la intimidad de tu cama. A veces esos sueños son placenteros y en otras ocasiones, una auténtica pesadilla. Son una retahíla de imágenes y de hechos que nunca pensaste que podrían suceder. Y no suceden, porque estás dormido, porque lo que ves o sientes no es real. Aunque lleguemos a despertarnos convencidos de que todo ha pasado, de que nuestra vida ya no es la de antes por lo que acabamos de vivir, en realidad, de soñar. Y ésa es la tercera acepción, la que nos lleva a decir cuando nos depegamos de las sábanas: hoy tuve un sueño.

La cuarta se ventila rápido, es el simple hecho de tener ganas de dormir, y quedarse ahí, en las ganas, o bien porque no tienes una cama cerca o bien porque no tienes la oportunidad de echar esa cabezadita que tanto deseas.

Quizás la quinta acepción es la más desconocida. Dice la RAE que sueño es “cierto baile licencioso del siglo XVIII”. Yo no sé bailarlo, pero es atrayente, porque si es licencioso es libre, atrevido, disoluto. Vamos, que igual en algún sueño ya lo hemos bailado, por eso de la libertad que desentraña todo lo que no es real y lo atrevidos que nos mostramos ante algo que no compromete de verdad.

Y pese a haber corrido el riesgo de aburriros llego a la sexta acepción, para mí, la más importante, que no la más interesante: “Cosa que carece de realidad o fundamento, y, en especial, proyecto, deseo, esperanza sin probabilidad de realizarse”.

Es la más importante porque esos sueños son los más necesarios para tirar adelante. Cada jornada es un pasito más hacia ese proyecto de vida que todos tenemos, hacia esas pequeñas metas que nos vamos fijando y  que, pese a lo que diga la definición, tienen alguna probabilidad de llegar a ser reales. Porque sin sueños es difícil mantenerse con ánimo en el día a día. La rutina nos puede llevar a la desesperación pero si esa rutina es un camino para alcanzar nuestros deseos, entonces siempre es bienvenida.

Estos días muchos compartimos un sueño, el de la solución, el de volver a la rutina, el de poder seguir con lo cotidiano, sin voladores, sin neumáticos, sin antidisturbios, sin atascos en la carretera. Si alcanzamos ese sueño entonces nos pondremos a trabajar por otro, por el de unas cuencas guapas, vitales, activas, de las que todos estemos orgullosos porque son nuestra tierra, una tierra por la que muchos lucharon muchos años y que no podemos dejar caer en la marginalidad.

Pero bueno, como dijo Calderón,

“toda la vida es sueño y los sueños, sueños son”

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